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Una campaña de marketing se decide antes de diseñarla

Lo primero que se ve de una campaña son las piezas, y por eso se suele empezar por ahí. Pero lo que define si funciona son cuatro decisiones que se toman antes, en una hoja y sin diseñar nada.

3 min de lecturaPor CAELIA
Dos hombres inclinados sobre una mesa de trabajo pintan a pincel las letras de un afiche
Eppo Doeve y Toon van Galen en su taller, 1951. Foto: Willem van de Poll · Nationaal Archief (CC0)

Cuando alguien dice «queremos hacer una campaña», casi siempre ya tiene una imagen en la cabeza: un video, una serie de posteos, un cartel en la ruta. Es comprensible: las piezas son la parte visible, y siempre imaginamos primero lo visible.

El problema es que empezar por las piezas deja sin responder las preguntas que después deciden si la campaña funcionó. Y cuando nadie las respondió antes, no queda manera de evaluarla: queda la sensación, nada más.

Una campaña de marketing se decide en cuatro pasos. Ninguno necesita un diseñador.

1. Qué tiene que pasar cuando termine

Dos líneas de tiempo. Arriba, «que nos conozcan más» sobre una línea punteada que se desvanece sin llegar a ninguna parte. Abajo, «12 consultas nuevas» sobre una línea llena que va de hoy a un punto marcado a los 30 días.
Sin un número y un plazo, el día después no se puede comparar con nada.

No «que nos conozcan más». Algo que se pueda contar: consultas, pedidos, turnos, visitas al local, reservas para una fecha. Un número y un plazo.

Si nadie puede nombrar qué cambia el día después, todavía no hay campaña. Hay ganas de comunicar, que es otra cosa y también puede servir, pero se planifica distinto y se mide distinto.

Esta decisión es la más incómoda porque obliga a comprometerse con un resultado. Por eso es la que más se saltea.

2. A quién le habla, en una frase

Una grilla de noventa puntos grises bajo la etiqueta «mujeres de 25 a 45». Cuatro puntos del centro están pintados y señalan la frase «dueñas de almacén de barrio que ya te compran una vez por mes».
Cuatro de noventa. Elegir a quién le hablás es, también, elegir a quién no.

Una persona, no un segmento. «Dueñas de almacenes de barrio que ya nos compran una vez por mes» sirve. «Mujeres de 25 a 45 interesadas en alimentación saludable» no: describe a medio país y no explica por qué te compraría a vos.

La frase buena incluye qué le pasa a esa persona hoy, antes de conocer la campaña. Ahí está el material para el mensaje.

Hablarle a todos equivale a no hablarle a nadie. Elegir a quién es, también, elegir a quién no.

3. Qué le vas a pedir que haga

Tres cajas encadenadas: «la pieza», «un solo paso» y «el después». Las dos primeras están agrupadas bajo la etiqueta «genera el interés»; la tercera, resaltada, bajo «lo convierte».
El después no es lo que viene luego: es parte de la campaña, y se prepara antes de que salga la primera pieza.

Un solo paso. Escribir por WhatsApp, reservar, pasar por el local, comprar online. Cuando la pieza pide dos cosas, la gente no hace ninguna.

Y ese paso tiene que estar preparado antes de que salga la primera pieza: si el pedido es «escribinos», alguien tiene que contestar ese mismo día. Si es «comprá online», la tienda tiene que funcionar desde el celular. La campaña genera el interés; lo que pasa después del clic lo convierte o lo pierde.

4. Cuánto vale un resultado

Tres barras de costo por resultado contra una línea punteada que marca el techo. Las dos primeras quedan por debajo y dicen «seguir»; la tercera lo supera y dice «parar».
Con el techo escrito, cada prueba se decide sola: seguir, cambiar o parar.

Antes de decidir cuánto invertir, hay que saber cuánto podés pagar por cada resultado. Si un cliente nuevo deja, en promedio, cierta ganancia en su primera compra, esa cifra es el techo de lo que puede costar conseguirlo. Si vuelve a comprar, el techo sube.

Con ese número, el presupuesto deja de ser una apuesta: se arranca chico, se mira cuánto cuesta cada resultado y se decide si seguir, cambiar o parar. Sin ese número, cualquier gasto parece caro o barato según el ánimo del día.

Recién ahí, las piezas

Una hoja con cuatro renglones numerados —resultado, persona, paso y techo— y una flecha que lleva a tres recuadros que representan las piezas.
La hoja es lo que se delega. Sin ella, lo que se delega es «hacé algo que llame la atención».

Con las cuatro respuestas escritas, el trabajo creativo gana un marco de referencia. El criterio ya no es si el video quedó lindo:

  • ¿Le habla a esa persona?
  • ¿La lleva a ese paso?
  • ¿Cabe dentro de lo que vale un resultado?

Las ideas mejoran porque tienen contra qué medirse.

Es también lo que permite delegar la producción sin perder el control. Quien diseñe las piezas —un equipo propio, un proveedor, nosotros— recibe una hoja con cuatro decisiones y no un «hacé algo que llame la atención».

La decisión que deja este artículo

Tomá la próxima campaña que tengas en mente y escribí las cuatro respuestas en una hoja. Si alguna queda en blanco, ésa es la primera parte a resolver. Y no se resuelve diseñando.

Si querés saber por dónde empezar en tu caso, respondé siete preguntas y te decimos qué conviene ordenar antes.

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