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Cuándo conviene una consultoría de marketing, y cuándo no

Una consultoría sirve para decidir, no para ejecutar. Contratarla cuando lo que falta son manos es plata mal gastada, y contratar manos cuando lo que falta es criterio, también.

3 min de lecturaPor Camila Avidano
Camila Avidano, fundadora y directora de CAELIA, de pie en una oficina luminosa junto a una estantería
Camila Avidano, fundadora y directora de CAELIA.

Hay dos problemas que desde afuera se parecen muchísimo. En uno, el negocio desconoce qué hacer con su marketing. En el otro conoce exactamente qué hacer, pero nadie puede ejecutarlo. Ambos se ven igual: redes quietas, anuncios que no rinden, una web que nadie actualiza.

La diferencia importa porque tienen soluciones opuestas. Al primero le falta criterio; al segundo, manos. Una consultoría de marketing resuelve el primero y no el segundo. Por eso conviene saber en cuál estás antes de contratar nada.

Conviene cuando las decisiones te frenan

Un mismo síntoma, «redes quietas, anuncios que no rinden», se abre en dos caminos. Si falta quién decida, lleva a «consultoría», resaltada. Si falta quién haga, lleva a «un proveedor que ejecute».
El síntoma es el mismo; la solución, la opuesta.

Una consultoría rinde cuando lo que traba el negocio es una decisión, no una tarea. Algunas señales:

  • Tenés varias ideas y no sabés cuál hacer primero.
  • Invertiste en algo —anuncios, una web, un rediseño— y no sabés si funcionó.
  • Te llegan presupuestos de proveedores y no tenés cómo evaluar si lo que proponen tiene sentido.
  • Cambiás de rumbo cada pocos meses porque ninguno terminó de convencerte.
  • Tenés un equipo o un proveedor que ejecuta, pero nadie les dice qué priorizar.

En todos estos casos, sumar gente que produzca más no ayuda: multiplica aquello que ya no estaba funcionando.

No conviene cuando ya sabés qué hacer

Tres cajas apiladas, «opciones», «criterio» y «consecuencias», bajo la etiqueta «la consultoría pone». Una flecha las lleva a una caja resaltada, «la decisión», bajo la etiqueta «el negocio decide».
La consultoría ordena la mesa. La decisión, y quien la ejecute, siguen siendo del negocio.

Si tenés claro qué querés comunicar, a quién y dónde, y lo único que falta es alguien que diseñe, filme o publique, una consultoría te va a devolver una recomendación que ya conocías. Lo que necesitás es un proveedor que ejecute, y conviene contratarlo directo.

Tampoco conviene si nadie en el negocio va a tener tiempo de aplicar lo que se decida. Una consultoría deja decisiones; alguien tiene que llevarlas a cabo. Si no hay quién, lo honesto es decirlo al principio y armar una propuesta con cada pieza, su plazo y su costo, para que decidas si la tercerizás.

Y no conviene como sustituto de decidir. Quien consulta sigue siendo quien decide. La consultoría pone opciones, criterio y consecuencias sobre la mesa; la última palabra se queda adentro, porque es una decisión de negocio.

Proyecto, mensual o mentoría

Tres líneas de tiempo. «Proyecto» es un solo tramo con principio y fin. «Mensual» son puntos sueltos a lo largo de la línea. «Mentoría», resaltada, son sesiones a intervalos fijos con una línea que sube: el criterio que queda en el equipo.
Una respuesta, alguien a quien preguntarle seguido, o aprender a responderte solo.

Las consultorías se arman de tres formas, y cada una sirve para un momento distinto:

  • Por proyecto: un diagnóstico o un plan, con principio y fin. Sirve cuando hay una decisión grande puntual, como lanzar un producto o reordenar la marca.
  • Mensual: acceso a alguien con criterio para consultar cuando aparece la decisión, sin esperar a un proyecto nuevo. Sirve cuando las decisiones son chicas pero constantes.
  • Mentoría: sesiones con agenda fija para que el criterio quede en vos o en tu equipo. Sirve cuando querés dejar de depender de alguien de afuera.

Ninguna es mejor que otra. La pregunta es qué te falta: una respuesta, alguien a quien preguntarle seguido, o aprender a responderte solo.

La decisión que deja este artículo

Mirá lo último que te frustró de tu marketing y preguntate qué faltó: ¿alguien que decidiera, o alguien que hiciera? Si faltó quien decida, una consultoría te sirve. Si faltó quien haga, buscá un proveedor y ahorrate la consultoría.

Si no distinguís cuál de las dos es, respondé siete preguntas y te decimos qué te sirve en tu caso.

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