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Por qué publicamos los precios

Publicados en el cotizador, junto al alcance que compra cada número. En un posteo no entra el alcance, y sin alcance el precio miente.

4 min de lecturaPor CAELIA
Un cartel de estación de servicio con los precios de cada combustible en números grandes, leíbles desde la calle
Estación de servicio, 1986. Foto: Rob Croes / Anefo · Nationaal Archief (CC0)

En este rubro, preguntar cuánto sale algo arranca casi siempre igual: «depende», «contanos tu proyecto», «agendemos una llamada». A veces es verdad que depende. La mayoría de las veces es una forma de no contestar.

Nosotros publicamos el precio de cada servicio. Están todos en el cotizador, sin cuenta y sin dejar ningún mail: elegís servicios y ves el total. En Instagram no aparecen, y eso también es una decisión. Van las dos explicaciones.

Lo que cuesta no decirlo

El «consultanos» se defiende como un filtro. Funciona al revés: termina filtrando a quien no está dispuesto a pedir permiso para conocer un precio.

Quien tiene el presupuesto definido y poco tiempo no entra en ese embudo. Pide dos o tres presupuestos a quienes sí lo muestran, y para cuando conseguís la reunión ya decidió. Los que sí entran son los que están explorando, y esos consumen la agenda entera de la semana.

Del otro lado del mostrador pasa lo mismo. Una reunión de cuarenta minutos para descubrir que el presupuesto era la mitad es tiempo perdido para los dos. Nadie miente: simplemente nadie tenía cómo saberlo antes.

Pero un número solo no alcanza

Acá está lo que casi nunca se aclara: un precio suelto tampoco alcanza. A veces empeora las cosas.

«Logo: $X» no significa nada. Puede ser un archivo, o un sistema con manual, versiones, aplicaciones y las reglas para usarlo. Son dos trabajos distintos con el mismo nombre. Cuando se comparan dos números sin alcance, gana el más barato, y la diferencia aparece después: en lo que hay que rehacer, en lo que no estaba incluido, en la revisión número cuatro que se cobra aparte.

Hay una razón más, y es de mercado: los tarifarios publicados tienden a estar inflados. Se arman como precio de lista para tener margen de descuento, así que el número publicado no coincide con el cobrado. Ese tarifario comunica poco y compromete menos.

Por eso el precio, para servir, viaja con cuatro cosas: qué incluye, qué no, en cuántos días y cómo se paga. Sin eso es un número, no un precio.

Cómo lo resolvimos

El catálogo entero está publicado —más de cuarenta servicios—, y cada uno muestra precio, alcance, plazo de entrega y forma de pago. Se combinan entre sí y el presupuesto queda armado, con el detalle de cada ítem y el total abajo.

No hace falta cuenta, mail ni hablar con nadie. Si después querés discutirlo, discutimos sobre un documento y no sobre una expectativa.

Lo que sí seguimos cotizando aparte es lo que de verdad depende: una campaña, un proyecto de marca con muchas piezas, cualquier cosa cuyo alcance recién se conoce después de entender el negocio. Ahí no publicamos un «desde» que no vamos a poder sostener. Publicar un número que nunca se cumple es peor que no publicarlo.

Por qué no va en redes

Un posteo no tiene lugar para el alcance. Entra el número y no entra lo que ese número compra, que es justo la parte que evita la comparación tramposa.

Así que en redes mostramos los niveles de un servicio, con lo que incluye cada uno. La cifra queda a un clic. No es pudor: el precio necesita contexto para no mentir, y ese contexto vive en el cotizador.

Lo que esto nos cuesta

Publicar el precio significa resignar la posibilidad de cobrarle más al que puede pagar más. Es una pérdida real y la aceptamos. La alternativa sería cobrar según la cara del cliente: eso no es una política de precios, es un sesgo con nombre elegante.

También nos obliga a tener el costo claro. Si publicás, no podés improvisar el número en la reunión.

La decisión que deja este artículo

Si no podés publicar tus precios, la pregunta útil no es de comunicación. Es por qué no podés. Suele ser una de estas tres:

  • No sabés bien tu costo. El precio sale en la reunión, según venga la semana.
  • Cobrás distinto a cada cliente por el mismo trabajo, y publicarlo dejaría eso a la vista.
  • No tenés definido el alcance, así que cualquier número que publiques se te va a discutir después.

Las tres son problemas de adentro, no de página web. Y las tres se arreglan antes y mejor que cualquier rediseño.

Si querés ver cómo se ve cuando está resuelto, el nuestro está acá.

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